Pero en este momento nó solo los modelos de desarrollo han fracasado, sino los propios acercamientos que tenemos para percibir, explicar y transformar la realidad. De hecho, nuestra concepción del mundo, y del papel que los seres humanos jugamos en éste, es el origen de los problemas que hoy padecemos. Baste citar tres: suficiente armamento nuclear como para destruir varias veces el planeta (la única conocida en el Universo); y la entronización de la codicia como centro de lo humano, con su infinito caudal de explotación, injusticia y los métodos más inimaginables para hacernos sufrir y padecer como especie.
El Universo dejó de ser aquel previsible reloj de Newton y, el "cogito ergo sum" cartesiano no fue suficiente para explicar las infinitas complejidades, e incluso simplificaciones que nos ofrece la realidad. Pero nuestros sistemas de pensamiento y nuestras instituciones, entre ellas las educativas y politicas, persisten en la creencia de que "sólo es explicable lo explicado" y que "únicamente es camino el trecho recorrido".
La maltrecha democracia descansa en pilares comidos por el comején y los sistemas educativos maquillando una educación indiferente a los jóvenes y que no atina a ser un instrumento de renovación social.
Curiosamente es la ciencia de nuestros dias es la que está abriendo horizontes sin paralelo. Si en su visión racionalista y mecanicista redujo la realidad a unas cuantas formulas factibles de ser reproducidas en el laboratorio, en la nueva perspectiva científica, la imaginación, la desestructuracion de los lenguajes, y la evidencia de que lo incierto encierra grandes certidumbres, adquieren un papel fundamental dentro de la objetividad. Lo posible tiene tanto o más peso que lo verificable. Las imágenes pueden ser mas poderosas que lo mesurable; la visión con su toda su carga profética, antecede al pensamiento, a la reflexión y a la propia acción.
Todo ello ha propiciado que el conocimiento haya dejado de ser una entidad controlable por sacerdotes o castas, y que se le siga considerando restringido a los períodos históricos que detentan gran poder político y económico. El conocimiento no es Poder, como afirmara Bacon. El conocimiento es Ser.
Todo ello nos conduce a revaluar de cabo a rabo nuestros sistemas de conocimiento ontológico, epistemológico, psicológicos, sociales y de naturaleza transcendente. Y esto debemos hacerlo desde perspectivas individual, colectiva, histórica y sobre todo desde las relaciones de ida y vuelta que establecemos con la realidad, con la naturaleza y con el cosmos.
Todo ello nos conduce a revaluar de cabo a rabo nuestros sistemas de conocimiento ontológico, epistemológico, psicológicos, sociales y de naturaleza transcendente. Y esto debemos hacerlo desde perspectivas individual, colectiva, histórica y sobre todo desde las relaciones de ida y vuelta que establecemos con la realidad, con la naturaleza y con el cosmos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario