domingo, 18 de agosto de 2013

Lectura : De Einstein a Castaneda. (Cristina Zeledon)

En el s. Xx, el mundo cambió. Y lo hizo con una aceleración sin paralelo en la historia humana. Cambiaron las costumbres, las expectativas de las personas,la dinámica social, los roles sexuales. Nuestros propios hogares se convirtieron en templos de la tecnología y de pronto nos convertimos en ciudadanos de aquella aldea global imaginada por McLuhan. Parecía que participabamos en algún periodo de verdadero triunfo de la historia. El desarrollo se convirtió en la meta de países, pueblos y personas.
Pero en este momento nó solo los modelos de desarrollo han fracasado, sino los propios acercamientos que tenemos para percibir, explicar y transformar la realidad. De hecho, nuestra concepción del mundo, y del papel que los seres humanos jugamos en éste, es el origen de los problemas que hoy padecemos. Baste citar tres: suficiente armamento nuclear como para destruir varias veces el planeta (la única conocida en el Universo); y la entronización de la codicia como centro de lo humano, con su infinito caudal de explotación, injusticia y los métodos más inimaginables para hacernos sufrir y padecer como especie.
El Universo dejó de ser aquel previsible reloj de Newton y, el "cogito ergo sum"  cartesiano no fue suficiente para explicar las infinitas complejidades, e incluso simplificaciones que nos ofrece la realidad. Pero nuestros sistemas de pensamiento  y nuestras instituciones, entre ellas las educativas y politicas, persisten en la creencia de que "sólo es explicable lo explicado" y que "únicamente es camino el trecho recorrido".
La maltrecha democracia descansa en pilares comidos por el comején y los sistemas educativos maquillando una educación indiferente a los jóvenes y que no atina a ser un instrumento de renovación social.
Curiosamente es la ciencia de  nuestros dias  es la que está abriendo horizontes sin paralelo. Si en su visión racionalista y mecanicista redujo la realidad a unas cuantas formulas factibles de ser reproducidas en el laboratorio, en la nueva perspectiva científica, la imaginación, la desestructuracion de los lenguajes, y la evidencia de que lo incierto encierra grandes certidumbres, adquieren un papel fundamental dentro de la objetividad. Lo posible tiene tanto o más peso que lo verificable. Las imágenes pueden ser mas poderosas que lo mesurable; la visión con su toda su carga profética, antecede al pensamiento, a la reflexión y a la propia acción.
Todo ello ha propiciado que el conocimiento haya dejado de ser una entidad controlable por sacerdotes o castas, y que se le siga considerando restringido a los períodos históricos que detentan gran poder político y económico. El conocimiento no es Poder, como afirmara Bacon. El conocimiento es Ser.
Todo ello nos conduce a revaluar de cabo a rabo nuestros sistemas de conocimiento ontológico, epistemológico, psicológicos, sociales y de naturaleza transcendente. Y esto debemos hacerlo desde perspectivas individual, colectiva, histórica y sobre todo desde las relaciones de ida y vuelta que establecemos con la realidad, con la naturaleza y con el cosmos.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario